La casa de la bruja.
Fue sin saber en dónde hospedarse así que estuvo un rato varado en la tortuosa calle, luego de buscar un hogar para alquilar, vio una bonita casa que estaba en venta, sin pensarlo dos veces, el señor Bonifacio la compró, la dueña era una viejita canosa que se la vendió a un precio accesible, la casa, era hermosa pero demasiado extraña ya que tenía demasiados péndulos colgando del techo los cuales sacó rápidamente, un cúmulo de vidrios rotos en un rincón los cuales barrió con una escoba de paja, embozadas mesas con frascos vacíos y aguzadas telas de araña que casi ni se veían, como Pepe era muy supersticioso, interpretó que la anciana a la cuál le había comprado la casa, era una bruja y decidió investigar quién era y qué cosas hacía la en esa casa, a la mañana siguiente fue a preguntarle a los vecinos que sabían sobre esa extraña anciana, una mujer delgada, de cabello castaño y ojos verdes le invitó a pasar y le mostró el periódico de ese día donde decía que una mujer llamada Juana Jennifer Flores había muerto de una enfermedad que aún no se había descubierto, casualmente, esa mujer era la que le había vendido la casa, Pepe insatisfecho de lo que había descubierto se fue a su casa.
Horas más tarde llegó un hombre, demasiado unánime, de ojos marrones, cabello morocho con algunas canas. Pepe le preguntó quién era y qué lo llevaba por allí el hombre le respondió que se llamaba Juan Flores, hermano de la ancianita fallecida, Pepe lo invitó a pasar y se dio cuenta que el viejito llevaba en la mano una extraña poción, Pepe le preguntó qué era lo que tenía en la mano a lo que el anciano respondió que eso era lo que le devolvería la vida a su hermana. Pepe le dio la dirección del hotel donde se hospedaba la hermana después de vender la casa. El anciano le agradeció y se fue al hotel a ver si revivía el cadáver. Pepe fue a tomar la merienda pensando en lo que había ocurrido, sus pensamientos habían sido correctos, la anciana era una bruja y vivir en esa casa ya no sería lo mismo, Pepe creyendo que las brujas eran tan malas como en los cuentos decidió cambiar un poco el lugar, para no recordarla y poner la casa más alegre. Decidió tirar los muebles que achacaban el lugar y cambiarlos por unos más lindos, pintar las paredes de un color más habitual que el solo cemento, y así alegró más la casa de vacaciones pero luego se dio cuenta que tenía un tortuoso jardín amargado y decidió comprar flores. Luego de remodelar su casita vacacional, Pepe se dio cuenta que solo le quedaba una semana de vacaciones y no había realizado acciones turísticas se fue a dormir y a la mañana siguiente hacía demasiado calor, su casa estaba solo a quince cuadras de la playa y fué.
Ya en la playa, se sentó a descansar, y se durmió en un cúmulo de arena que encontró cómodo. En su sueño, el se encontraba en un bosque oscuro con árboles altos y enredaderas que llegaban hasta las copas de los árboles, el caminó hasta encontrarse con una anciana, al verla más de cerca, ésa era la vieja que le había vendido la casa, Pepe la saludo amablemente y la anciana unánime y cortante le respondió no debiste haberla cambiado, Pepe no entendió nada y respondió “qué es lo que no debí haber cambiad…” y no pudo terminar su pregunta porque se congeló, cayó arriba de una gran raíz y quedó inmóvil comenzó a ponerse un poco pálido y cada vez se enfriaba más su piel.
Y esta fue la historia de Pepe Bonifacio, un amable millonario que sin saberlo generó su propia muerte ya que la bruja, al final no había sido revivida y esa casa era lo único que quedaba sobre el planeta, el único recuerdo de Juana Jennifer Flores cambiado y redecorado, el único culpable de eso era Pepe, un millonario que se durmió en la playa y nunca se despertó…
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