El robot basquetbolista.
Comentario del autor: Este cuento lo hice para un trabajo de lengua.
Era una
tarde calurosa y yo me decidí a faltar a básquet y quedarme en la pileta, el
jueves siguiente vi que había un chico nuevo. Todos me decían que había
comenzado a jugar la clase pasada a la cual, no había ido. Todo lo que me
decían, era cierto. Ese muchacho, jugaba con tanta simpleza, tanta facilidad
que sorprendía. Comenzamos a tener una racha de invicto atroz, los partidos los
ganábamos por 24, 35, 23 lo que era una gran diferencia. Pasó el tiempo y nos
fuimos haciendo cada vez más amigos, íbamos al cine, a tomar helado y demás.
Con el paso de los días, noté que se comportaba de forma extraña fuera del club: bebía aceite, iba al baño con un destornillador en la mano y a veces no tenía una personalidad duradera, es decir, era demasiado bipolar.
Una vez, después de entrenar, nos quedamos en el club y luego de una larga conversación me dijo: “tengo que confiarte un secreto, soy una máquina” y yo, creyendo que era un juego le respondí: “sí, de jugar al básquet” a lo que respondió “¿no me crees?, soy un robot” y yo, muy confundido, le dije “no entiendo” entonces, el agarró un cuchillo que tenía cerca y empezó a cortarse el brazo, un poco más abajo que el codo y se sacó la piel, un líquido rojo comenzó a caer de, ahora, sus finos brazos. Cuando ese extraño líquido, que confirmé no era sangre terminó de caer, logré ver unos modelados brazos metálicos con articulaciones hechas con tuercas y una base metálica, yo estaba muy impactado con la situación. Luego de un largo rato de silencio, el dijo “¿ves?, soy un robot” y no se me ocurrió nada para decir así que respondí “¿programado para jugar al básquet?” Y movió la cabeza dando un gesto afirmativo. Al parecer cerca de nosotros había un muchacho que escuchó y visualizó todo y a los pocos días, a él ya lo estaban buscando las autoridades internacionales para investigarlo por dentro. Yo, quise ofrecerle que esconderse en mi casa a lo que él me respondió: “no gracias, tendrás problemas tu también” y ese fue el último día que vi a mi amigo ya que después se entregó voluntariamente a las autoridades y dudo que hoy alguien lo vea. Yo, habría querido volverlo a ver.
Con el paso de los días, noté que se comportaba de forma extraña fuera del club: bebía aceite, iba al baño con un destornillador en la mano y a veces no tenía una personalidad duradera, es decir, era demasiado bipolar.
Una vez, después de entrenar, nos quedamos en el club y luego de una larga conversación me dijo: “tengo que confiarte un secreto, soy una máquina” y yo, creyendo que era un juego le respondí: “sí, de jugar al básquet” a lo que respondió “¿no me crees?, soy un robot” y yo, muy confundido, le dije “no entiendo” entonces, el agarró un cuchillo que tenía cerca y empezó a cortarse el brazo, un poco más abajo que el codo y se sacó la piel, un líquido rojo comenzó a caer de, ahora, sus finos brazos. Cuando ese extraño líquido, que confirmé no era sangre terminó de caer, logré ver unos modelados brazos metálicos con articulaciones hechas con tuercas y una base metálica, yo estaba muy impactado con la situación. Luego de un largo rato de silencio, el dijo “¿ves?, soy un robot” y no se me ocurrió nada para decir así que respondí “¿programado para jugar al básquet?” Y movió la cabeza dando un gesto afirmativo. Al parecer cerca de nosotros había un muchacho que escuchó y visualizó todo y a los pocos días, a él ya lo estaban buscando las autoridades internacionales para investigarlo por dentro. Yo, quise ofrecerle que esconderse en mi casa a lo que él me respondió: “no gracias, tendrás problemas tu también” y ese fue el último día que vi a mi amigo ya que después se entregó voluntariamente a las autoridades y dudo que hoy alguien lo vea. Yo, habría querido volverlo a ver.
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